•jueves, julio 09, 2009
Así empezaba la lagrimeada del día de hoy, en pleno desahogo con madre, refiriéndome a padre.
Padre es un tipo muy particular. Llevo muchos años encima intentando descifrarlo, tratando de quitar de mi cabeza las palabras "hace todo lo que hace porque no te quiere"; e intenté enfocarme en hacer de nuestra convivencia algo aunque sea levemente decente.
No es posible.
Desde hace unos cuantos meses, antes que terminara el 2008 mi nivel de paciencia viene llegando a sus valores basales casi inexistentes. El boludeo, la joda, el desprecio, el echar cosas en cara así de un momento a otro, el griterío sin motivo, las palabras hirientes...en fin.
La convivencia se está tornando cada vez más en un fuego insoportable, de esos que enseguida se encienden y no hay bombero que pueda venir a apagar nada.
Noto que mi paciencia se evaporó dejandome en la cara unos rastros de amargada y en la voz una mala onda asquerosa. Sí, sé bien que estoy intolerante; pero es que todavía al día de hoy y aún habiendo tenido diez mil muestras de que ésta casa nunca va a ser un hogar para mi, hay una pequeña parte de mí que de alguna forma "espera algo".
Mientras me saco todo esto de adentro, me carcomo el cerebro pensando seriamente en que debería buscar otro trabajo [actualmente trabajo codo a codo con padre para mantener el negocio familiar que hace años lleva a cabo], y buscar la forma de: o bien mudarme aunque sea a un sucucho inmundo y pequeño que me traiga paz, o bien estar fuera de mi casa la mayor cantidad de tiempo posible.
¿Por qué escribo esto acá hoy?. No sé, porque se me antojó desahogarme de alguna forma. Porque a su manera, este pequeño espacio cibernético ha sido mi compañero desde hace cinco años, y no solamente para las pelotudas anécdotas que suelo y realmente disfruto contar.
Gracias blog. Lo que me llevó escribir esto, me hizo perder un poco la cara de ocote.
Padre es un tipo muy particular. Llevo muchos años encima intentando descifrarlo, tratando de quitar de mi cabeza las palabras "hace todo lo que hace porque no te quiere"; e intenté enfocarme en hacer de nuestra convivencia algo aunque sea levemente decente.
No es posible.
Desde hace unos cuantos meses, antes que terminara el 2008 mi nivel de paciencia viene llegando a sus valores basales casi inexistentes. El boludeo, la joda, el desprecio, el echar cosas en cara así de un momento a otro, el griterío sin motivo, las palabras hirientes...en fin.
La convivencia se está tornando cada vez más en un fuego insoportable, de esos que enseguida se encienden y no hay bombero que pueda venir a apagar nada.
Noto que mi paciencia se evaporó dejandome en la cara unos rastros de amargada y en la voz una mala onda asquerosa. Sí, sé bien que estoy intolerante; pero es que todavía al día de hoy y aún habiendo tenido diez mil muestras de que ésta casa nunca va a ser un hogar para mi, hay una pequeña parte de mí que de alguna forma "espera algo".
Mientras me saco todo esto de adentro, me carcomo el cerebro pensando seriamente en que debería buscar otro trabajo [actualmente trabajo codo a codo con padre para mantener el negocio familiar que hace años lleva a cabo], y buscar la forma de: o bien mudarme aunque sea a un sucucho inmundo y pequeño que me traiga paz, o bien estar fuera de mi casa la mayor cantidad de tiempo posible.
¿Por qué escribo esto acá hoy?. No sé, porque se me antojó desahogarme de alguna forma. Porque a su manera, este pequeño espacio cibernético ha sido mi compañero desde hace cinco años, y no solamente para las pelotudas anécdotas que suelo y realmente disfruto contar.
Gracias blog. Lo que me llevó escribir esto, me hizo perder un poco la cara de ocote.
