5 de junio de 2011

Sunday bloody sunday

Suelo odiar los domingos. Me parecen aburridos, apagados... creo que en este blog me he quejado abiertamente del tema fácil 20 veces (y seguro me quedo corta, pero como pocos de ustedes me leen desde el 2004, me puedo permitir ciertas insolencias :P).

Siempre que llega el domingo, automáticamente algo sucede dentro mío, y a no ser que aproveche el día para salir y hacer algo distinto (cosa que no suele suceder últimamente), me deprimen. Me sacan de quicio.

Hoy fue la primera vez en mi vida, que me despiertan con el desayuno en la cama. Novio se levantó temprano, fue a la panadería, compró unas facturas requete ricas, y preparó dos tecitos. Con todo eso vino, y me despertó. Y así, el domingo arrancó de tal manera, que a pesar de hacer lo mismo de siempre -estudiar y preparar cosas del trabajo para mañana- ya tiene otro color. Otra sensación.

¡Algo tan pequeño puede llevar a un cambio tan grande! Pequeñas delicias de la vida.

6 comentarios:

Hugo dijo...

Seguro, porque generalmente el Domingo es el día más rutinario de todos.

Sofía dijo...

que lindo! totalmente, actos asi te cabian el tinte del dia

yoquemebusco dijo...

Una maravilla ese Novio ¿eh?
Ahora sí, que no se le ocurra hacer eso todos los Domingos porque se pierde el efecto ¬¬ jeje

¡salú!

Lucía

Zoquett dijo...

Jajaja, como todo... si se vuelve repetitivo, pierde la gracia. Y una pierde cintura, de paso!
XD

coNs Oroza dijo...

Es cierto. A mi me cambio el dia cuando en el cole de la mañana el colectivero me sonrio (!) Pequeños detalles que cambian la actitud para que un dia regular se vuelva un buen dia :'D

MaRiaN dijo...

¬¬
APESTAS EL VALLE CON TU ÑOÑES!!